jueves, 20 de marzo de 2008

Como la caja de pandora.


Con tu corona de flores muertas, con tus mentiras en el pecho, tus palabras seductoras que me estremecían los huesos y me hacían poner la piel de gallina, esa inconstancia que te convirtió en mi capricho. Tu persuasión tan bien escrita, tus mentiras tan bien contadas. Tu forma fue mi obsesión. La gracia de tus movimientos me impacientan todavía. Como una tal Pandora, desnudaste, abriste y hasta rompiste mi corazón. Lo colmaste y rebalsaste de locura, vicios, pasiones, tristezas, fatigas y tan cruelmente

no olvidaste la esperanza. Convirtiéndote en mi karma, y esa esperanza idiota que circula por mi cuerpo, que sacude mi cabeza y comprime mi corazón, no me permite odiarte. Es la voz que me dice “no todo esta perdido”. Es la que hace temblar mi cuerpo y sudar mis manos. Me llenaste para dejarme todavía más vacía.

Son tus trastornos enfermizos que llegan a lo más profundo de mi alma de cristal. Porque el cristal es frágil. Y vos me lo hiciste aún más débil.